La cuarta temporada de la serie The Crown, producida por Netflix, provocó una tormenta mediática en el Reino Unido. En las primeras tres temporadas, esta serie nos presentó una familia real con serios conflictos, pero que eran originados por el compromiso y el  deber que se tenía que cumplir por ser parte de la realeza.

El conflicto interno que vive el príncipe Phillip al tener que dar un paso atrás para dejar que la Reina sea la figura principal, la abdicación del Rey Eduardo VIII por el amor de Wallis Warfield o el amor fallido de la princesa Margarita con el Capitan Peter Townsend, nos presentan la tensión entre los deseos humanos, la modernidad y el “deber” de guardar ciertas tradiciones ancestrales dentro de la familia real.

Pero en la cuarta temporada ya no es un conflicto entre el “deber” y los deseos propios de cada persona. En esta temporada se presenta a la familia real completamente ajena a los problemas del pueblo británico y se logra generar en el televidente una antipatía hacia la nobleza británica. La humillación que sufre la Primera Ministra Thatcher, en  la residencia de descanso de la reina, por no seguir los protocolos de la realeza, es una de las escenas más polémicas; junto con toda esa tortura a la que es sometida la Princesa Diana por parte de Carlos, Camila y la misma Reina Isabel.

Si en las primeras tres temporadas se percibía cierta defensa de la realeza británica; en esta cuarta temporada, se cuestiona la funcionalidad y utilidad de la misma.

No cabe duda que esta serie tendrá un impacto muy grande en la reputación de realeza,  y al verla, los contribuyentes británico se cuestionaran ¿Por qué tenemos que mantener con nuestros impuestos a un grupo de personas, cuyo único mérito es haber nacido en una cuna de oro? El futuro de monarquías estará en juego en los próximos años, sobre todo con el creciente descontento con la desigualdad y el enojo de las clases medias por la precarización de sus condiciones en lo últimos años.

¿Llegó el fin de las monarquías? Lo sabremos en las próximas dos décadas. Pero la serie de The Crown sin duda alguna ha puesto el dedo en la llaga y marca un antes y un después para la corona británica.

 

 

 

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