Con poco más del 60% de participación del total de persona habilitadas para votar, el pasado 16 de junio se llevaron a cabo las elecciones para Presidente de la República, Diputados al Congreso, Alcaldes Municipales y Representantes al Parlamento Centroamericano en Guatemala.  ¿Los resultados? Bueno .. en este momento no se logra determinar si lo más importante es conocer el resultado o salir de la incertidumbre que aún reina en el ambiente.

Un proceso muy golpeado

El camino que hizo llegar a los guatemalteco a las urnas el 19 de junio de 2019 fue uno con muchos altibajos, curvas demasiado peligrosas y, por supuesto, muchos baches que hicieron estragos en el vehículo de la confianza, dando como resultado un gran escepticismo y cuestionamientos hacia lo que se tenía como oferta electoral.

Aún faltando pocos días para llevarse a cabo las elecciones, las encuestas no solo mostraban el favoritismo hacia uno u otro candidato, si no que reflejaba una alarmante incertidumbre en un alto porcentaje de guatemaltecos que no encontraban en la muchedumbre de postulantes una opción clara que inspirara otorgarle la confianza para tomar las riendas de un país que necesita de soluciones.

Los baches del camino hicieron estallar las llantas de los vehículos de candidatos que en un momento se veían como favoritos. Algunos por finiquito, otros por prohibiciones constitucionales hasta llegar a la enorme mancha de la acusación del involucramiento del narcotráfico en el proceso electoral, lo cierto del caso es que ese 19 de junio tardaba en llegar.

16 de Junio 2019

El día llegó y los guatemaltecos asistieron a las urnas.  Como se apuntó al inicio de la nota, más del 60% de los habilitados para votar asistieron a ejercer su derecho, el resto prefirió desde las trincheras manifestar su descontento y nula confianza a quienes figuraban en cada una de las boletas.

El día transcurrió sin mayores contratiempos y sobresaltos.  La lluvia no impidió que aquellos que habían tomado la decisión de participar lo hicieran, sin embargo, esas gotas a lo mejor no eran el obstáculo que el cielo ponía para que el guatemalteco ejerciera su derecho sino las lágrimas que anticipaban lo tortuoso que se avecinaba en los próximos días.

Más allá de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta (que no son tema de esta publicación), el 16 de junio de 2019 será recordado, entre otras cosas por la ineficiente labor de un Tribunal Supremo Electoral que ha visto empañada su credibilidad ante la falta de exactitud en los resultados que se obtuvieron.

En pleno siglo 21, más de una semana después de efectuadas las elecciones no ha sido tiempo suficiente para el el Tribunal Supremo Electoral haya dejado de indicar que los resultados que presenta son “preliminares”, mientras que las redes sociales siguen explotando con mensajes en su contra.

¿Qué esperar?

De la segunda vuelta se puede esperar un camino similar al actual.  Los candidatos a competir afinan sus estrategias, se enfocan en hacerse de la simpatía de quienes no votaron por ellos y sobre todo de querer transmitir confianza hacia toda la población que cada quien es la solución.

Lo cierto del caso es que, ante un proceso tan lastimado y vulnerable como el que se tiene, se espera demasiado. Se espera transparencia, se espera un pacto de caballeros, se espera que no haya agresiones sino mayor claridad en los planes de gobiernos, se espera que existan equipos bien conformados, se espera un apego a la integridad y los valores, se espera que por fin se acaben los intereses individualistas y egoístas y se piense en generar las condiciones para que el guatemalteco pueda brillar.

Sí, pareciera que se espera mucho; sin embargo, lo que se espera es lo mínimo esencial y requerido para el buen funcionamiento de una sociedad.  Guatemala está alerta, los guatemaltecos están atentos y eso hace que por encima de cualquier expectativa que se tenga o no sobre un candidato, existe la esperanza que cada uno de los habitantes de este país asumamos el rol que nos corresponde y le saquemos, de una vez por todas, al lugar donde sabemos que tiene el potencial de estar.

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