El 2019 fue un año determinante para Guatemala, dentro de muchos factores, las elecciones de nuevas autoridades se convirtieron en tema central de la nación.  La cuenta regresiva para el 14 de noviembre sigue avanzando y cada vez son menos los días que quedan para que el nuevo gobierno asuma sus responsabilidades ante un panorama de incertidumbre y escepticismo por muchos sectores en el país.  Si bien en este momento nos encontramos en cercanías a la celebración de las festividades de fin de año, es importante no perder el horizonte de lo que continua.

Una democracia joven que se luce envejecida.

El ejercicio democrático se practicó y, a pesar de que en el tiempo contamos con una democracia que se puede considerar como joven, lo cierto del caso es que el desgaste que ha sufrido le ha dado una apariencia de envejecida, sin fuerza y totalmente dejada en el abandono debido a la falta de resultados que los tres poderes del estado han dado en función del bienestar común.

Las diferentes práctica de corrupción de las cuales el país ha sido y sigue siendo presa no hace otra cosa que seguir mermando una endeble credibilidad en un sistema de gobierno que por momento parece no solo derrumbarse sino incapaz de volver a levantarse.  El guatemalteco “común” se siente frustrado, desgastado y molesto ante la imposibilidad que observa de un cambio rotundo en la forma de hacer gobierno.

Deciden quienes elegimos

En el programa “Razón de Estado”, el empresario Dionisio Gutiérrez Mayorga enfatizaba en uno de los episodios del mismo como el poder de la política radica en la política misma, es decir que es en aquellos que participan en este ámbito que recae la oportunidad de ejercer influencia sobre estos temas de nación.  Son los políticos los que deciden en la política y es la política la que hace o deja de hacer muchos de los resultados que se esperan en Guatemala.

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Bajo ese parámetro, se hace más que evidente la importancia que tiene la elección de aquellos que llegan a ocupar puestos de decisión pública.  Si bien pareciera tarde para hacer un eco de reflexión sobre este tema, no será así mientras siga vigente la oportunidad de seguir emitiendo un sufragio a favor de quienes ocuparán estos espacios.

Además de eso, el elector no solo tiene responsabilidad en parcializar su predilección al momento de elegir, sino de exigir resultados sobre el que ha sido electo.  En repetidas ocasiones se ha recordado que todo funcionario público que llega a un puesto de toma de decisiones está allí en esencia por la elección de una ciudadanía que tiene, no solo el derecho, sino la responsabilidad de exigir resultados.

Exigir para ganar

La participación ciudadana debiera ser fomentada más allá del período electoral, se hace necesaria una participación constante del pueblo en la observación y fiscalización de los resultados de aquellos que tomarán decisión por él.  Esa es la esencia de la democracia: la oportunidad que el pueblo tiene de exigir resultados que le permitan generar espacios de crecimiento y desarrollo.

Este es el desafío constante.  El 14 de enero de 2020 está próximo y si bien cada gobierno tiene un espacio de 4 años para dar resultados, el pueblo en general tiene una responsabilidad constante de elegir mejor y exigir más.

 

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