Considerado por muchos como el mal del siglo, el estrés se ha convertido en uno de los elementos que más alarma genera dentro de la humanidad y los impactos que causa en diferentes ámbitos provoca alerta.  Asociado a enfermedades gástricas, cardiovasculares y psicológicas entre otras, el estrés causa severos daños y consecuencias negativas en la persona y, por lo tanto, en los resultados que ésta pueda dar.

¿Qué es el Estrés?

Es estrés está definido como un desequilibrio entre la demanda y la capacidad de respuesta del individuo bajo condiciones en las que esta demanda posee importantes consecuencias percibidas.

De esta definición, podemos darnos cuenta que el estrés tiene una connotación subjetiva muy alta ya que la percepción particular del individuo es diferente de uno a otro y, por lo tanto, la aprensión emocional que tenga será distinta provocando que una misma situación no provoque los mismos niveles de estrés de una a otra persona.

Existen algunas condiciones que, ya sea, en soledad o en combinación se convierten en propios para provocar el estrés en una persona.  Dentro ellos podemos considerar el volumen o complejidad del trabajo, el tiempo de realización de una tarea, la ambigüedad del rol a desempeñar, conflictos que se tengan con dicho rol, la incertidumbre del futuro, malas relaciones interpersonales, la falta de información y estar a cargo de grandes responsabilidades.

En esencia, el estrés surge cuando existe un desbalance entre las exigencias y presiones en contra de los conocimientos y capacidades.  Cuando las primeras dos son superiores a las segundas, el estrés está a punto de hacer su aparición.

 

Ajustes que liberan el estrés

Sabiendo que el estrés es provocado por el desequilibrio entre exigencias y capacidades, la búsqueda de nivelar esas diferencias hará que la persona pueda llegar a reducir sus niveles de estrés.  Para ello es importante considerar algunas verdades dadas por la Organización Mundial de la Salud en relación a este tema:

  1. Cuanto más se ajusten los conocimientos y capacidades del trabajador a las exigencias y presiones del trabajo, menor será la probabilidad de que sufra estrés laboral.
  2. Cuanto mayor sea el apoyo que el trabajador reciba de los demás en su trabajo o en relación con este, menor será la probabilidad de que sufra estrés laboral.
  3. Cuanto mayor sea el control que el trabajador ejerce sobre su trabajo y la forma en que lo realiza, y cuanto más participe en las decisiones que atañen a su actividad, menor será la probabilidad de que sufra estrés laboral.

 

El encuentro de un estado en equilibrio no es sencillo, pero tampoco es imposible de lograr. Requiere en su momento de acciones intencionales que le permitan a la persona considerar los roles en los que se encuentra involucrado, los resultados que espera y ser honesto en reconocer si éstos no están demasiado altos o fuera de su realidad momentánea.  Además, liberar estrés requiere de una buena dósis de Humildad que pemita reconocer que no todo cuanto se desea alcanzar o realizar es posible con los recursos que se disponen.

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Por contradictorio que pareza, manejar el estrés requerirá en su momento el esfuerzo por prepararse.  Una persona que aumenta sus conocimiento y sus capacidades estará mejor preparada para afrontar las exigencias que su trabajo y entorno lo presentan.

Alinearse a las prioridades de vida que la persona defina y ocuparse solo de aquello que está bajo su control será un estilo de vida que colabore en reducir los niveles de estrés y, por lo tanto, pemita potenciar los resultados que en este momento se están dando.

Dejamos a continuación un video sobre un documental muy interesante que aborda este tema:

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